Si se ha manejado al gato desde una edad temprana, se le puede enseñar la educación básica mediante premios y repeticiones.

Por ejemplo, una golosina es una forma de hacer que el gato se esté quieto mientras se le peina.
Para que no haga algo malo hay que interrumpirlo mientras lo hace, diciéndole: “¡No!”. Si es necesario se le puede disuadir utilizando una pistola de agua o un pulverizador. No dejes que el gato te vea o aprenderá que solo se le rocía cuando estás presente.
Los gatos nerviosos o agresivos son más difíciles de educar, pero todo depende de cómo sea nuestra relación con ellos. El entrenamiento puede mejorarla, porque significa que hay que prestarle mucha atención al gato. Esto es muy útil si tu gato es tímido o solitario o necesita mucho estímulo.
Si deseas enseñarle a tu gato que venga hacia ti cuando lo llamas, debes apelar a su voracidad, es decir, dale de comer una pequeña cantidad de su comida favorita varias veces al día. Haz mucho ruido al llenarle el plato y ponerlo en el suelo y él vendrá corriendo. Llámalo por su nombre y dile: “Ven aquí”. A su debido tiempo sustituye la comida por halagos y caricias.
Si tu gato se sube a la mesa, lo primero que debes hacer es no dejar nada de comida o algún juguete sobre ella. Prueba cubriendo la superficie con hoja de aluminio, los gatos odian el sonido de este material crujiente y resbaladizo para sus patas. Hazlo durante varias semanas y después sólo de vez en cuando para reforzar la lección.
Si tu gato suele morder las flores del jardín, puede ser peligroso para él ya que algunas pueden ser venenosas. Dile: “¡No!” con firmeza y ofrécele otra cosa para morder, como hierba o algo de comida seca







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