Este pez lábrido sufre variaciones cromáticas durante su desarrollo, tanto que es difícil creer que la forma adulta y juvenil pertenezcan a la misma especie.

La librea juvenil es de color naranja vivo con franjas blancas bordeadas de negro y la cola es blanca. Cuando alcanza los 10 cm., las zonas negras se extienden y en los adultos, el cuerpo asume un color púrpura azulado, recubierto de manchitas azules, con la cola amarilla.
En estado natural se alimenta de pequeños crustáceos, gusanos, moluscos y equinodermos (los erizos de mar son triturados contra las rocas). Si han vivido desde jóvenes en el acuario aceptan cualquier tipo de alimento.
Pueden criarse ejemplares en bancos numerosos a condición de que el acuario sea grande, pues los adultos toman posesión de territorios que defienden encarnizadamente de los individuos de su misma especie. Para evitar choques fatales, es mejor tener mucho cuidado al pasar estos peces de una a otra pecera.
La pecera composiciones estables realizadas con piedras y trozos de roca. Es esencial que el fondo esté cubierto de una espesa capa de arena, ya que a este pez le gusta pasar algunas horas enterrado. La iluminación deberá ser intensa y la temperatura del agua se mantendrá en torno a 24 – 27ºC, con un pH superior a 8 y una densidad de 1023.
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